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sábado, 23 de agosto de 2014

ESTAS LETRAS PARA TI. TÚ, JA SAPS

Finalizado la jornada laboral, en aquellos años a las 15horas, la pereza de coger el tranvía, el bus o el metro, hacía que encaminara mis pasos hacía el ocio más variopinto que ofrecía la Barcelona de finales de los sesenta.

Una de las rutas, como ahora les llaman, sin guía, consistía en atravesar la calle Pelayo, descender por las calles Jovellanos, Ramelleres, hasta la calle Xuclá y refugiarme, en hora de comer, en el restaurante Los Toreros. No porque formara parte de ninguna peña taurina y me gusten los toros, y sí, por el llamamiento de su entrada e interior. Un interior decorado con fotos de nostalgia en blanco y negro.


Sobre las 5 de la tarde, hora taurina por antonomasia, abandonaba el espectáculo visual taurino, cruzaba las Ramblas, sin regateo de guiris en esos años ni estafadores de bolitas, saludaba a la simpática dependienta de la tienda de modas Felgar (una mujer que con seguridad me doblaba la edad, nunca supe si esperaba a alguien, apostada en la puerta de entrada a la tienda, pero era de esas mujeres en que los cuarenta, les hace más bellas), esquina Ramblas con calle Canuda.

En días alternativos me entretenía más tiempo en la librería Cervantes/Canuda que en el Palau Savassona.

Hoy día la tienda Felgar, como la librería Canuda, no existen.

Isak Andic, un turco llegado a Barcelona en el año 1968, año de mi luz laboral ( buffff, 46 años de labor, ya, en misma empresa, caramba, caramba) modifica esa esquina ramblera con la construcción de un nuevo Mango, su buque insignia. Mango, el buque insignia de Isak Andic. Una macro tienda futura.

La librería Cervantes/Canuda, conocida, sin el apellido del creador del quijotesco, como Canuda, fue fundada un 14 de Abril de 1931, proclamación de la Segunda Republica Española.


La librería Canuda, permitidme decirlo, forma parte de mi vida, para bien y para mal. Para bien porque solía comprar libros de viejo. Para mal, porque no puedo borrarme de mi cerebro que fue, en la librería Canuda, donde realicé mi primer y único robo en mis 61 años de vida. A pesar de la férrea vigilancia de sus “viejos” dependientes, aquella fría mañana, en un tris tras que no sé de donde me salió, agazapé “Nada” de Carmen Laforet bajo mi pantalón, rozando mi bragueta, bajo el jersey de cuello cisne negro. Me mantuve unos minutos por si algún espejo retrovisor visual hubiera captado mi hurto. Al poco, con más miedo en mis piernas que en mi cabeza, enderecé el angosto pasillo del local, mi vi en la calle, azotado por la bocanada de viento, me refugié en la entrada de carruajes del Palau Savassona, descubriéndolo.


El Palau Savassona se construyó en 1796 por Josep Francesc Ferrer de Llupiá, barón de Savassona. En el año 1906 se formó como sede del Ateneu Barcelonés, anteriormente conocido como Ateneu Catalá. El arquiteco fue Josep Gumá ayudado por un estudiante prometedor, colaborador de Gaudí, me refiero al olvidado y excelente arquitecto Josep Mª Jujol que, curiosamente, hoy día, sin saberlo en aquellos años de mis rutas, tengo a una de sus obras como vecino, la desconocida, para muchos, Casa Sansalvador, en el barrio del Coll/Carmel.

El Ateneu Barcelonés, fue uno de mis cobijos, mi amparo solitario disfrutando de su bosque, su jardín. De las salas de lectura, del silencio donde las barritas de luz manifestaban el shus shus inconfundible de toda biblioteca como tal.

Una de mis salas preferida de lectura fue la Josep Mª de Sagarra.


Josep Mª de Sagarra había formado parte en diferentes juntas del Ateneu sin llegar a presidirlo, como su padre, Ferrán de Sagarra que presidió el Ateneu entre 1930 y 1932.

La familia Sagarra i de Siscar fueron vecinos de barrio, calles Mercaders y Montcada, con la familia Ferrer de Llupiá barón del Palau de Savassona, actualmente Ateneu Barcelonés.

La música, entre otras muchas actividades, tuvo y tiene, un componente  importante en el Ateneu. 


El 14 de Marzo de 1924, Igor Stravinski visitó el Ateneu, dando un recital al piano junto a la soprano Mercé Plantada, otra vecina ilustre de los citados, pues vivió en la calle Moles, entre Vía Laietana y Portal del Ángel, muy cerca de la calle Condal.